INSTINTOS BÁSICOS, YO ACUSO

(Nota: La crudeza de éste artículo puede herir la sensibilidad de algunos lectores/as soberanistas)

 Los lectores de este blog conocen mi pequeña odisea hasta acomodarme -hace casi 3 años-, en una sociedad cosmopolita que me hizo sentir realmente libre. También saben de la coincidencia de lo que para mí fue una auténtica catarsis personal, con la cómplice fascinación por el proceso que está viviendo Cataluña, circunstancia que ni remotamente estaba prevista en mi calendario. No voy a ocultar a mis amables lectores que esta fascinación se ha visto truncada desde hace un par de semanas. Todavía no he sido capaz de reaccionar adecuadamente ante mi súbita  perplejidad.

 La exposición de la hoja de ruta del presidente de la Generalitat presentada el 28 de noviembre,  se había convertido en un punto y seguido de la exitosa cita del 9N y la moral de la tropa se había visto notablemente incrementada.  Inesperadamente el 2 de diciembre de 2014 se convirtió en una fecha aciaga, marcada en rojo en la agenda directamente  conectada con el estado de ánimo de mis amigos soberanistas.  Aquel día subió al estrado un político novato, -desde mi punto de vista, deficientemente asesorado por unos políticos de colmillo retorcido, ideólogos del anterior gobierno tripartito-. Sin atender a las formas, planteó al presidente de Catalunya, una descarnada enmienda a la totalidad.

Oriol Junqueras hubiera hecho gala de responsabilidad política, de haber optado por encerrarse con Mas en un despacho y no salir de allí hasta haber llegado a un consenso. En lugar de ello, optó por consagrar -tal vez de forma irreversible-, la división entre las fuerzas soberanistas. Un error de principiante ofendido, que Cataluña pagará muy caro.

 Durante los últimos 2 años, ERC ha respaldado la política de recortes condicionada por el expolio fiscal al que está sometida Cataluña. Inesperadamente hizo su aparición el Espíritu Santo en el Palau de Congressos de Catalunya. Oriol Junqueras, se transfiguró en Teresa de Calcuta y el precio de los garbanzos acaparó su mente. Algunos de mis amigos citan a su predecesor;  un tal Carod Rovira que no tengo el gusto de conocer. Parece ser que disponiendo de la llave para haber conformado un gobierno de nacionalistas e independentistas -ganándole tiempo al tiempo-, se le apareció la Virgen y de repente cayó en la cuenta de que ERC era más socialista que independentista. Se vendió en cuerpo y  alma al PSC por una triste poltrona que en todo momento le vino grande. Según me cuentan los más leídos, la perspicacia política de aquel caballero, acabó hipotecando Cataluña y sumiéndola en su etapa política más nefasta de los últimos 35 años.

 El 9 de Noviembre de 2014, el presidente Mas anotó en su haber el mayor éxito de su carrera política. Se comprometió a que ese día hubiera urnas y papeletas. Contra todo pronóstico, su promesa no solo se cumplió, sino que posibilitó que el pueblo de Cataluña se anotara un nuevo record Guinness: la mayor convocatoria electoral, sabiendo que no tendría ningún efecto jurídicamente vinculante.

 No todo el mérito es imputable al presidente Mas. Cabe señalar que aquel día, “nunca tantos debieron tanto a tan pocos”. Esos pocos fueron curiosamente la gente de la CUP, cuyo apoyo al President, posibilitó el éxito del 9N, tras haberle dado la espalda, los visionarios Junqueras y Herrera. El efusivo abrazo de Mas y David Fernández tras aquella exitosa jornada, fue por encima de todo la  plástica metáfora del servicio prestado a un País por encima de ideologías. Probablemente un impulso que difícilmente se repetirá en un hipotético plebiscito, que el sectarismo político se ha conjurado para convertir en simple contienda electoral.

 Oriol Junqueras intentó enmendar sobre la marcha su error de cálculo y el mismo 9N sorprendió a propios y extraños presidiendo una mesa electoral y recontando papeletas. Es difícil calcular la rentabilidad política de tal actuación; lo cierto es que brindó argumentos a un unionismo que se cebó en esta circunstancia para darle una vuelta de tuerca más a sus habituales descalificaciones a aquel proceso electoral.

 Es complicado para un dirigente político, digerir y justificar ante sus huestes. que tras tocar el cielo, las encuestas señalaran un vuelco como consecuencia de  unos errores encadenados, cuya paternidad no estoy en disposición de poder repartir equitativamente, más allá de las responsabilidades que cabe adjudicar a cualquier líder político.

AZNAR-RAJOY-CAT      Es un hecho incontestable que las fuerzas soberanistas se han  dispersado entre los que rinden pleitesía a su militancia política y los que se hallan exentos de tal sumisión y por lo tanto en mejor predisposición para calibrar con mayor perspectiva unos acontecimientos adversos y gratuitamente provocados. Supondría  un trauma histórico para multitud de catalanes tener que rendir la frente ante José María Aznar: “Antes se romperá la unidad de Cataluña que la de España”.

La “genialidad” del señor Junqueras ha logrado hacer realidad lo sueños más húmedos del unionismo; el más difícil todavía: que apareciera la discrepancia de criterios entre  la Asamblea Nacional de Catalunya y Ómnium Cultural.

Lastimosamente, todo se reduce a una pugna de egos. Los que siempre han abanderado el independentismo, no pueden tolerar que un converso reciente, les de sopas con honda. Este es el auténtico conflicto que subyace disfrazado de variopintas razones. Es por ello que el consenso se adivina extraordinariamente complicado.

 Me resisto a creer que un sectarismo político de cortos vuelos, pueda neutralizar las legítimas aspiraciones de un pueblo como el catalán, que marchaba lanzado  en busca de su propio destino. Les haré una confidencia que quizás sorprenda a algunos: mi trayectoria vital ha estado unida a Cataluña los últimos 3 años y el fracaso de su proyecto de libertad, representaría también mi propio fracaso.

 Es obvio que unas elecciones de carácter plebiscitario –sustitutorias de un referéndum-, no se hacen para sorprender ni a Mariano Rajoy ni a la señora Sánchez Camacho. Por encima de cualquier otra consideración, han de convertirse en una carta de presentación ante Europa y ante el mundo. Ningún otro elemento debe supeditarse a este objetivo. Un hipotético éxito soberanista -si no se exhibe de una forma incontestablemente unitaria-, puede convertirse en un estrepitoso fracaso para la consecución de un mandato democrático que entre otras cosas, deberá superar la dura prueba de  enfrentarse a posteriori, a una legión de detractores  tanto en España como en el ámbito internacional. Cuanto más se asemejen estas elecciones a unas autonómicas, peor para la proyección internacional y para los intereses de una Cataluña soberana.

 Si bien la demoscopia parece concederle una leve ventaja a la opción de listas separadas, esta circunstancia se ve sobradamente compensada por un factor que no es cuantificable a priori. Se conoce como efecto Bandwagon o efecto arrastre. Existe un grupo de ciudadanos que modifica sus premisas electorales de acuerdo con el punto de vista de la mayoría. El cambio de opinión se produce porque estos individuos infieren en las decisiones de otros, como en una cascada de información. Ha sido determinante en todas las convocatorias electorales que podríamos calificar de históricas. Este efecto, llamado también banda-carroza solo contempla una lista ganadora y queda diluido frente a alternativas equilibradas. Un fenómeno muy estudiado por la ciencia política y que tantas veces nos ha sorprendido al constatar cómo se teñían de un mismo color determinados mapas postelectorales.

En cualquier caso me parece del todo ocioso, debatir si los partidos deben presentarse juntos o separados. El señor Mas podía haberlo dicho más alto pero no más claro. Lo que yo le escuché con claridad meridiana, fue que en calidad de presidente de Cataluña, proponía una lista unitaria superando el esquema partidista. La unidad siempre ha recibido en política mayor premio que la fragmentación, por mucho que algunos pretendan convencernos de lo contrario.

 “Catalunya abans de ser de dretes o d’esquerres, ha de ser”    (Enric Prat de la Riba)

2 comentarios en “INSTINTOS BÁSICOS, YO ACUSO

  1. Pilar, tens raó quan dius que la unitat és la única manera de tirar endavant els nostres anhels. En qualsevol cas, sigui la responsabilitat de l’un, de l’altre o de tots dos, solament el poble, vinculat a un ideal garanteix que acabarem reeixint en la nostra tasca ja que és una qüestió de dignitat. Si no fos així no valdria la pena pertànyer a aquest poble. Afectuosament

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  2. Señora de Díez: su aportación en Twitter sería muy valiosa. ¿No se ha planteado participar?
    Gracias por sus artículos tan certeros i valiosos.
    Saludos.

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